miércoles, 10 de enero de 2018

Noche de Reyes

Todos los nombres que aparecen en el relato han sido inventados para no revelar datos personales.



-        -  ¿Quiénes sois? Que con la barba y el pelo no os reconozco.

-        -   Somos nosotros. Los de todos los años, Melchor, Gaspar y Baltasar.

-        -   Jajaja, vaya payasos…




Pero… ¿Qué tiene de malo fantasear una noche al año? Más bien, en mi opinión, el error es no creer en la magia los 364 restantes.

No voy a enredarme en el relato de mil anécdotas que suceden en una noche así. Ni en describir esa cara mezcla de ilusión y sorpresa que se despierta en los pacientes, (contra todo pronóstico, agradecen más el acto los ancianos y personas mayores que los propios niños). Aunque eso también merecería un capítulo aparte, ¿qué es lo que les conmueve tanto? No creo que sea un retorno a la infancia propia. Porque dudo que en la posguerra la mayoría de ellos tuviesen nada para abrir, más bien será el recuerdo de aquellos momentos que han vivido con sus hijos y nietos en sus hogares. Para algunos más lejanos, para otros más cercanos, pero tampoco importa demasiado cuál es la razón de ser de esa sonrisa. Tampoco hay que analizarlo todo, quedémonos simplemente con el resultado.

Bueno, viendo que estoy incumpliendo la primera de mis premisas y me estoy extendiendo más de la cuenta. Pasemos directamente al relato, vamos allá…

Eran poco más de las 22 h. cuando los reyes y sus pajes nos dirigimos camino a la UCI del Hospital Puerta de Hierro. Protocolo diplomático, paso real, coronas alineadas, manos repletas de caramelos y un carrito de la compra con los regalos restantes tras el paso por Pediatría. Cruzamos la puerta del módulo 2 de la UCI Médica, y recibimos las consecuentes miradas cómplices de los trabajadores. Fotos, abrazos, paradójicas preguntas sobre la identidad a alguien que lleva una máscara… 

-                   -  ¿A qué pacientes podemos saludar?

La enfermera dijo tres nombres de pacientes cuyo estado permitiese esta sorpresa real, y allí nos encaminamos nosotros.

         
    En estas estábamos cuando se acerca una compañera, vestida de verde y con bata. Ni idea de quién era.
- 
              - Vosotros traéis regalos. Pero yo traigo unos pulmones.
-
-                     -   ¡Joder! (el caso permite el uso de vocabulario mal sonante). Para quién, cuándo, cómo….¿?¿?

-              - Soy la coordinadora de trasplantes. Están a punto de llegar dos pulmones para un chico joven. Esperemos que todo salga bien.

Tras una noticia así surgen un sinfín de comentarios y gratificaciones al respecto. Y entre esta marabunta de gente nos despedimos y nos acercamos al siguiente módulo de la UCI Médica.


Al entrar por la puerta, idéntico resultado al módulo previo, o a cada control de Enfermería que visitamos esa noche.
-        
                        -    ¿A quién podemos saludar?
-            
         - A Juan que es ….tal patología, a Sergei que es aquella otra… y a Andrés que es un chico pendiente de trasplante bipulmonar

… Atad cabos… A veces es suficiente con estar en el sitio correcto en el momento correcto. Y en ese instante, los reyes manejaban más información que el resto.


Ni que decir tiene que nos encaminamos directamente hacia el cuarto aislado donde se encontraba este paciente y le saludamos.
-        
              -   Andrés, nos ha llegado tu carta pidiendo unos pulmones. Haremos lo imposible.
-             
        - Gracias – nos dice su padre. De pie junto su cama- mientras él nos levanta el pulgar y sonríe.

Es evidente, la necesidad domina el instante. En esas situaciones ya puede ser un rey mago o cualquier curandero al que le entregas tu esperanza por mínimas que sean las posibilidades. Tanto tiempo esperando, marchitan a cualquiera.


No habían pasado 5 segundos cuando llega la coordinadora y le da la noticia:

            -  Los pulmones están aquí- venga, que nos vamos.
   

Los ojos de perplejidad y el abrazo entre padre e hijo será una de esas escenas que me acompañarán siempre.


En los minutos siguientes comenzó a llegar más y más gente para anunciar la noticia. Intensivistas, la neumóloga, enfermeras y auxiliares arremolinadas y celebrando el momento. Unos minutos de caos y alegría que no tenían nada que envidiar a los reportajes sobre El Gordo cada 22 de diciembre. No hay palabras para definir esa cascada de sentimientos y emociones, pero, como se dice de los chistes malos: así contado, no es lo mismo.




Podéis pensar que esto era el final, y si bien está cerca, aún nos queda un poco para alcanzarlo.
Entre ese revoltijo de gente mencionado, a alguien se le ocurrió coger un peluche del carro de los regalos y entregarlo al paciente. Y perdonadnos, pero quizás un perrito que ha atravesado todo un hospital no es el regalo más aséptico para un paciente que va a entrar en quirófano en 5 minutos. Los reyes cruzamos la mirada, asentimos y dijimos: hay que hacer desaparecer ese perrito.


Al aproximarnos a la puerta de su habitación nos dice el padre:
-     
-      -  No os lo vais a creer, es igual que su bichón maltés, canela con una mancha blanca en el ojo. Es idéntico.



Como es obvio, fin al plan del rescate del perro. Y sí, vuelvo a decirlo: la magia existe.





miércoles, 20 de diciembre de 2017

VALER PARA TODO ES SINÓNIMO DE NO SABER DE NADA.


Como eres enfermera te llamamos para que estés dos días en consulta de alergias, un mes en maternidad, dos semanas en centro de salud, un día en endoscopias,  dos noches en urgencias y tres semanas en quirófano, ¡Ah! Y ¿podrías bajar a UCI un par de horas para echar una mano?. Pues mire….. NO. No puede ser que por ser enfermera se me coloque en cualquier servicio, sin información previa, sin experiencia, sin compresión por el resto de colegas, en definitiva sin especificidad. Porque para algo en medicina ya se dieron cuentan y existe la residencia y la necesidad de tener una especialidad, porque cada patología y cada servicio requieren conocimientos extensos de la materia, sin ellos es inviable hacer bien tu trabajo y atender correctamente a las necesidades de los y las pacientes que atendemos.

Es importante que nos plantemos y digamos NO, no se trabajar en ese servicio, no tengo experiencia en ese sector, sobre todo en los servicios especiales que requieren técnicas y cuidados específicos.

Reconozco la gran labor que están haciendo desde los colectivos sanitarios para seguir fomentado y creando las especialidades de enfermería mediante el programa EIR, aunque está más que demostrado que es totalmente insuficiente, en concreto por dos motivos;

1-      Hay muy pocas especialidades, puesto que la enfermería es mucho más que comunitaria, pediatría, salud mental, geriatría, salud maternal y enfermería del trabajo. No sé, a mí ahí me faltan muchas otras como; pruebas especiales, uci, quirófano, urgencias, hemodinámica, nefrología, y muchas otras.

2-      Las plazas que oferta el ministerio para formarte como Enfermero Residente son irrisorias.

Por otra parte tengo que romper una lanza a favor de las enfermeras que no trabajan en el área hospitalaria. Este tipo de enfermeras que pueden trabajar en muy diferentes ámbitos y sectores ya sea en centros escolares, residenciales geriátricos, centros de inclusión de personas drogodependientes, de personas con diversidad funcional o del desarrollo, centros penitenciarios, enfermeras investigadoras, salubristas, cooperantes y un largo etc. tienen que buscarse las mañas para; por un lado formarse en el sector en el que trabajan, ya que hay muy pocas ofertas de formación en estos ámbitos, y por otro lado luchar por un reconocimiento igualitario al de la enfermera hospitalaria. Ya que aparte de ser peor remunerados (considerablemente) y con peores condiciones laborales, además sufren la desprestigiación de su propio colectivo. En lugar de empoderar y mejorar las condiciones en estos ámbitos las instituciones te empujan a querer abandonar tu lado más vocacional para terminar como funcionaria en un centro hospitalario (lo cual también te lo ponen bastante complicado), pero que si no lo haces habrás fracasado como enfermera.




Por mi parte digo ya basta, ya basta de contratos basura de días, de semanas o de meses, de ser repudiada por lo público por la falta de estabilidad que ofrece y por las muchas dificultades que nos brinda, ya sea por tema burocrático, sanciones, incompatibilidades, etc. Digo ya basta de que las instituciones gestoras de los organismos privados sanitarios y sociales ofrezcan partidas salariales, convenios y condiciones laborales propias de países en vías de desarrollo que impiden que puedas construir un futuro y tu presente. 


Märia Barrera

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Hasta aquí hemos llegado

Pasan los días, algunos fugaces casi sin tocarnos, otros espesos y cansinos como envidiando a los siglos. Algunos traen hechos que se quedan para siempre, otros sería mejor que no se fueran nunca. Así, poco a poco, le vamos quitando poco a poco los gajos a la vida, y nos vamos haciendo mayores. Y dejamos de pensar las mismas cosas, o al menos al pensarlas no nos despiertan las mismas emociones, y todo se complica un mucho y se hace simple un poco. El miedo ya no vive en el armario, el amor es cálido, pero ya no duele, las emociones van tomando un tono suave como de tarde invernal de sábado delante de una chimenea. Somos los mismos, pero no tanto. Vamos cambiando la piel de vez en cuando y nos vamos transformando en un alguien distinto al que éramos ayer y un poco más parecido al que seremos mañana.

Cada uno a su ritmo, y ayudado por los empujones más o menos cariñosos de la vida, se va haciendo más complejo, con más matices, más detalles y más color.  Afortunadamente, todo este proceso tiene una vuelta de tuerca practica que me parece tremendamente interesante. Supongo que desde el punto de vista científico se le llamara algo así como “desarrollo de estrategias adaptativas en el proceso de maduración” pero, queriendo decir lo mismo con menos retórica, a mí me gusta mucho la frase esa de “más sabe el diablo por viejo que por diablo”. Y empiezas a escuchar de nuevo las charlas de tus padres, y empiezas ahora a entenderlas, y se mezcla un sentimiento de orgullo por entenderlos al fin y de vergüenza por haber tardado tanto, y sin querer, te ves repitiendo la misma tabarra a tus hijos. Supongo que la vida vuelve a dar otra vuelta y ahora eres tú el que es mirado con esa expresión de “mi pobre padre no se entera de nada”.

Es curioso cómo, sin saberlo, te vas también preparando para ponerte cara a cara con tu destino final. La muerte ya no se ve como algo que solo pasa a los ancianos, sino como otro ingrediente fundamental del pastel de la vida. Asomarse a esta reflexión da vértigo, pero negarnos esa conversación con nosotros mismos sería como intentar creer que el único universo real es el que está a este lado del espejo. No deja de ser interesante conocer como nos gustaría que fuesen esos últimos momentos y explorar las opciones entre las que nos gustaría elegir.

Por estas tierras en las que vivo desde hace años esta conversación se suele mantener más bien pronto que tarde, a veces en el mismo servicio de urgencias.  No hace falta decir que esta conversación es más relevante en casos de enfermedad importante, edad avanzada o deterioro de salud real o potencial, o en los casos en los que el tratamiento propuesto pueda traer como consecuencia un importante cambio en el estilo de vida o en el nivel de independencia del paciente. Lo que me resulta interesante desde el punto de vista profesional es la forma en la que esta decisión se registra en la historia clínica. El documento se llama “Decisión de reanimar y techo de tratamiento” y en él se señala cuál es límite terapéutico acordado entre el paciente y el médico.  La idea no es sólo que el interesado decida donde echar el freno a los esfuerzos terapéuticos, sino mantener informados acerca de esta decisión a los profesionales que intervengan en su cuidado.
Los escalones de tratamiento van desde medidas de control de síntomas en casos de cuidados paliativos, antibióticos y fluidos orales, antibióticos y fluidos intravenosos, ventilación no invasiva y cuidados intensivos. El documento refleja en la parte superior si es apropiado o no iniciar maniobras de reanimación cardiopulmonar. Todas estas medidas se basan en la probabilidad de éxito de las intervenciones o en el impacto en la calidad de vida de las mismas.


La independencia del paciente, la información acerca de procedimientos diagnósticos y terapéuticos, el impacto de estos en la vida presente o futura, el proceso de la muerte, la comunicación entre pacientes y profesionales y la documentación clínica de estas decisiones configuran un debate complejo y lleno de matices que merece la pena abordar.