Caso clínico - Bioética

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Cortesía del prof.Agustín del Cañizo, dejamos una semana de plazo para vertir opiniones acerca del caso, posibles alternativas, comentarios, dudas serán bien recibidos.

"Se trata de un paciente de 82 años de edad, que padece una enfermedad de Parkinson, y en julio de 1974 presenta una flebotrombosis que se trata con anticoagulantes. A consecuencia de este tratamiento sobreviene una hemorragia en forma de vómitos (hematemesis) y sangre también en heces (melenas), ingresa en un hospital dónde se le diagnostica una úlcera de estómago (que es por dónde está sangrando), úlcera que parece que es debida a su medicación para el Parkinson.

Una vez superado el cuadro hemorrágico es dado de alta y, en ese momento manifiesta su deseo de no volver a ingresar en un hospital: "lo que tenga que ocurrir, dice, que sea en casa"

Durante los meses siguientes lleva el tratamiento de tromboflebitis y del Parkinson.

A mediados de octubre de 1975 sufre un infarto de miocardio que es tratado en su domicilio. El día 24 de ese mes recidiva el infarto, añadiéndose al cuadro una parálisis intestinal y un edema agudo de pulmón.

Al día siguiente empieza a sangrar por el estómago y se le práctica una transfusión. Hay además ascitis (es decir acúmulo de líquido en el abdomen) que va en aumento.

La noche del 2 al 3 de noviembre, ante la persistencia de la intensa hemorragia se plantea la posibilidad de operar aunque hay opiniones distintas entre los médicos que le atienden. Durante todo este tiempo ha estado con fuertes dolores y ha recibido transfusiones constantes. El paciente se encuentra en coma y es la familia la que toma la decisión de que se le opere.

La operación se lleva a cabo en un quirófano acondicionado en una dependencia del domicilio del enfermo. Se encuentra una úlcera de estómago y se liga el vaso sangrante. Durante la intervención es preciso transfundir varios litros de sangre. Al finalizar el enfermo vuelve a su dormitorio.

Tres días después comienza de nuevo a sangrar y esta vez se traslada al hospital. Nuevamente con el consentimiento familiar se le vuelve a operar, extirpándose dos tercios de estómago. En el postoperatorio necesita respiración asistida y cuidados intensivos. A partir de este momento está a duras penas vivo y depende completamente de las técnicas de soporte vital.

El día 15 de Noviembre vuelve a sangrar por lo que se le somete a una tercera operación. Persiste el estado crítico y se le administra sangre porque la hemorragia continua y además se realiza diálisis peritoneal (riñon artificial) por fallo renal agudo.

Finalmente su hija insiste en que debía dejársele morir en paz lo que ocurre en la madrugada del 20 de Noviembre de 1975.

En un breve momento de lúcidez durante todo este proceso una enfermera le oyó decir: "Qué duro es morir"

6 comentarios:

juanfra dijo...

efectivamente, se trata de Francisco Franco Bahamonde, texto extraído del libro de Paul Preston.

Alejandro A dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=TKh01EB7Jzc

profesionalmente creo que la familia obró mal. personalmente no me importa si se equivocaron o no o si le costó mucho morirse o no.

L.E.O. dijo...

¿Quién tira la primera piedra?

En el preámbulo del Código deontológico del CIE para la profesión enfermera se puede leer lo siguiente:

-" Son inherentes a la enfermería el respeto de los derechos humanos, incluido el derecho a la vida, a la dignidad y a ser tratado con respeto.

En los cuidados de enfermería no se hará distinción alguna fundada en consideraciones de edad, color, credo, cultura, discapacidad o enfermedad, género, nacionalidad, opiniones políticas, raza o condición social. "-

Varias cuestiones se plantean después de leer el texto inicial que nos darían para un par (mallorquín) de horas de discusión.

Siendo sincera, mi pensamiento sobre cómo actuar ha variado desde el inicio de la lectura del caso clínico hasta el momento en el que le iba poniendo cara al paciente, cosa que hace que me cuestione si soy realmente objetiva en cuanto al correcto desempeño de mi profesión.
Está claro que no y que debo replantearme un par (también mallorquín) de cuestiones.

Mi opinión al respecto, y me refiero ahora a la situación objetivamente planteada en el caso clínico, es que no hubiese sido necesario llegar hasta ese extremo y caer en el tan nombrado, y todavía practicado en demasía, "encarnecimiento terapéutico".

Como enfermera y como persona humana (haciendo uso del término que daba nombre al programa de MIKIMOTO en TV3) con una "especial debilidad/sensibilidad/predilección" por los Cuidados Paliativos, creo que no era necesario llegar hasta ese punto y que el paciente podía haber vivido sus últimos días de un forma mejor.


ACLARACIóN
Para quiénes no seáis oriundos de la mayor de les Illes: un "par mallorquín" no equivale a 2, sino que pueden ser 3,14,16,...

Y ya aprovecho para dejaros un enlace de un documental que Rocío, una amiga, nos pasó. Merece la pena verlo:

http://www.rtve.es/mediateca/videos/20081026/informe-semanal-decision-manel/323774.shtml

juanfra dijo...

Gracias por las aportaciones.
A mí sería el primero que se tratase el caso como el de cualquier otra persona, porque me daría sensación de justicia, entendida como café para todos.
Pero como entiendo que la justicia es café al que le haga falta café y tila al que le corresponda tila, es decir, dar a cada uno lo suyo.
En éste caso no se puede hacer un análisis exclusivamente clínico-ético, ya que la historia tiene un peso específico que (aunque en mi opinión no debiera ser así) supera el peso de la persona en cuestión.

En aquel entonces hay muchos intereses enfrentados para resolver la adjudicación del poder tras la muerte de Franco y como el príncipe Juan Carlos, se negó a vovler a coger el mando en falso, dijo que si se le ponía al frente era de manera definitiva, se sospecha que se alargase la vida de Francisco Franco hasta lo que denominamos encarnizamiento.
Hay otros casos de dictadores con muertes parecidas y da la impresión que más que querer salvarles como si de Dios se tratase, son las consecuencias en el cambio de poder, lo que lleva a alargar la vida para que cada uno de los posibles sucesores juegue su partida de póker.

Todo ello con una vida humana de por medio, que todo sea dicho para mí tiene el mismo valor independientemente de quien se trate.

Anónimo dijo...

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